No es la primera vez que en este blog se hace referencia a la serie ‘Black Mirror’. Me parece fascinante la capacidad de describir escenarios que sirven para intuir cómo podría afectar a nuestras vidas cotidianas la parte menos previsible del desarrollo tecnológico. Pues bien, esta serie vuelve a captar mi atención con su último capítulo estrenado (hasta el momento), ‘Black Mirror: Bandersnatch’.
Su originalidad argumental consiste en que cada espectador puede participar (mediante el mando a distancia de la tele) y elegir qué acciones toma el protagonista y, en consecuencia, determinar diferentes desarrollos y desenlaces de la historia. Una aportación que, dicho de paso, no es nueva. La literatura, sobre todo la infantil a partir de los denominados ‘librojuegos’, en la década de los setenta; y los videojuegos interactivos, desde los noventa, ya proponían este procedimiento interactivo hace muchos años.
Mientras que algunas de esas acciones a elegir por el espectador para el avance de la historia son bastante simples, como la posibilidad de decidir si el protagonista trabaja, o no, desde casa, determinación que no implica conflictos morales ni éticos; otras son mucho más complejas, como optar entre asesinar a alguien, o no hacerlo.
Pero, más allá de la carga moral que implica tomar alguna de estas decisiones, la paradoja, en sintonía con la filosofía distópica de la serie, es que Netflix ha guardado cada una de estas decisiones en una base de datos, un hecho cuya legalidad se ha cuestionado desde el punto de las normas de protección de datos.
En principio, esta acción de Netflix parece legal porque, tal y como ellos explican, no debería haber problema en almacenar estas decisiones si se desvinculan de los datos personales de los usuarios que las tomaron. Para la plataforma de streaming esa acción forma parte de su sistema de captación de información, de ese big data con el que intentan mejorar su oferta y, sobre todo, personalizarla para adaptarla a los gustos y preferencias de sus abonados.
Y es que el modelo de negocio de Netflix no es competir con superproducciones sino adecuar los contenidos a los gustos de sus usuarios, es decir, hacerles propuestas personalizadas; en este caso, y según sus ingenieros informáticos, gracias al uso de un algoritmo capaz de controlar más de 27.000 ‘microgustos’ recopilados por la plataforma en función de la actividad de sus clientes.
Ojalá que en el futuro otros muchos proveedores de productos y servicios puedan aplicar un algoritmo para detectar nuestras preferencias y ajustar sus ofertas sin violar nuestros derechos vinculados con la protección de datos personales; los bares, sin ir más lejos. Estoy harto de que me pongan de tapa aceitunas o patatas fritas cuando a mí lo que me vuelve loco es la ensaladilla, entre diario; y si es domingo, paella. Señores hosteleros, tomen nota.
Una visión personal y transferible del mundo de la comunicación y el marketing en el que sus principales protagonistas son mi día a día, la actualidad, el cine y la tecnología, y no siempre por este orden.
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viernes, 15 de febrero de 2019
domingo, 7 de agosto de 2016
Realidad aumentada
Mi verano está siendo marcado por la realidad ampliada, pero no la de Pokémon Go, sino la de un calor sofocante al que sólo consigo combatir con cortas estancias en la piscina, justo a esas horas en las que incomprensiblemente no hay niños ni señores mayores haciendo anchos, y por series como “Stranger Things”, dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer, protagonizada por una espléndida Winona Ryder acompañada de un grupo de adultos (los menos), niños y adolescentes increíblemente reales, y creada para Netflix (aunque dicen que antes pasó por veinte manos que la despreciaron).
Una serie que reúne varios géneros en ocho capítulos. A saber: Ciencia ficción, Terror, Suspense psicológico, Misterio, y lo que se ha dado a conocer como Supernatural fiction. Eso sí es realidad aumentada. Como lo es ver las fotos de Alepo, en Siria, antes y después de la guerra, o el incendio de un paraíso, como la isla de La Palma.
Y lo que son las cosas. Yo iba a ir de vacaciones a La Palma el 3 de agosto, justo el día en que a un estúpido se le ocurrió hacer una estupidez y dio comienzo el fuego. La sensación de recibir la noticia fue rara, lo sigue siendo su seguimiento. Yo podía estar allí ahora, sufriendo las consecuencias en primera persona; y sin embargo lo hago desde casa, intentando recrear (volvemos a la realidad aumentada) qué estaría haciendo allí en esas circunstancias.
Algunos de mis amigos me intentan consolar (por no haber podido tomar mis vacaciones e ir a la ‘Isla bonita’) diciendo que es una señal, que no era mi destino, por lo que volvemos a lo sobrenatural, y a la teoría filosófica de la causalidad y de que nada es por azar, todo está predeterminado. Pero, entonces, ¿dónde queda nuestra libertad de albedrío e, incluso, de librepensamiento? Es domingo y mi realidad aumentada me llevará a desayunar en una terraza, lavar el coche y volver a pensar si la pérdida de mis vacaciones debo tomarla como una señal del destino o una enorme putada.
Una serie que reúne varios géneros en ocho capítulos. A saber: Ciencia ficción, Terror, Suspense psicológico, Misterio, y lo que se ha dado a conocer como Supernatural fiction. Eso sí es realidad aumentada. Como lo es ver las fotos de Alepo, en Siria, antes y después de la guerra, o el incendio de un paraíso, como la isla de La Palma.
Y lo que son las cosas. Yo iba a ir de vacaciones a La Palma el 3 de agosto, justo el día en que a un estúpido se le ocurrió hacer una estupidez y dio comienzo el fuego. La sensación de recibir la noticia fue rara, lo sigue siendo su seguimiento. Yo podía estar allí ahora, sufriendo las consecuencias en primera persona; y sin embargo lo hago desde casa, intentando recrear (volvemos a la realidad aumentada) qué estaría haciendo allí en esas circunstancias.
Algunos de mis amigos me intentan consolar (por no haber podido tomar mis vacaciones e ir a la ‘Isla bonita’) diciendo que es una señal, que no era mi destino, por lo que volvemos a lo sobrenatural, y a la teoría filosófica de la causalidad y de que nada es por azar, todo está predeterminado. Pero, entonces, ¿dónde queda nuestra libertad de albedrío e, incluso, de librepensamiento? Es domingo y mi realidad aumentada me llevará a desayunar en una terraza, lavar el coche y volver a pensar si la pérdida de mis vacaciones debo tomarla como una señal del destino o una enorme putada.
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