Un grupo de amigos, tres parejas y un single, se reúnen a cenar y proponen un juego. Poner los móviles en mitad de la mesa de tal forma que, durante el transcurso de la reunión, todos ellos puedan acceder libremente a sus contenidos: whatsapps, correos, agenda, galería de fotos, vídeos, etcétera, y comentarlo con el resto.
Lo que parece un juego sin maldad, original y hasta divertido puede convertirse en un auténtico calvario, una prueba que puede dejar al descubierto los mayores de nuestros secretos, nuestras filias y fobias más ocultas. Pongámonos en el caso. En el móvil se pueden tener mensajes de amor, de odio o de indiferencia; reservas de billetes de avión o de habitaciones sospechosas; facturas de compras indiscretas o de gastos injustificables; burofax de todo tipo, de desahucio o de apremio en el pago; contratos de compra venta, de trabajo; citas a deshoras; informes médicos, por no hablar de las fotos y vídeos hechos por nosotros o recibidos de terceras personas.
Como se puede intuir, el peligro está a la vuelta de cada esquina, de cada correo, de cada mensaje de whatsapp, de cada foto... No estoy hablando de infidelidades, que también podrían aparecer a la luz, sino de cosas más sutiles, de deseos inconfesables o comportamientos desleales (mensajes de whatsapp donde se da la razón a dos partes enfrentadas). Incluso es posible que alguno de ellos descubra un perfil oculto de alguno de sus grandes amigos, por ejemplo el de la personalidad laboral, en el que uno de ellos puede ser un tirano o, al contrario, y se comporta en la oficina como un adocenado sumiso ante sus superiores.
Podría ser un capítulo de la nueva entrega de 'Black Mirror', la serie que muestra el lado oscuro de la tecnología, pero no; es la trama de 'Perfectos desconocidos', el título del remake en el que está trabajando actualmente Alex de la Iglesia. Una comedia negra de origen italiano cuyo éxito y contenido han atraído al director español para recrear su propia versión, entendemos que mucho más ácida que la original transalpina.
En definitiva, esperamos que Alex de la Iglesia nos recree acciones cuyas consecuencias son mucho menos previsibles, como que parejas que creen conocerse a la perfección descubran que no tienen los mismos objetivos vitales, simplemente visualizando el contenido de nuestro móvil; o que amigos de toda la vida puedan poner en duda esa lealtad de años por culpa de las sombras almacenadas en nuestro smartphone a ritmo de 4G. Inquietante.
Una visión personal y transferible del mundo de la comunicación y el marketing en el que sus principales protagonistas son mi día a día, la actualidad, el cine y la tecnología, y no siempre por este orden.
martes, 25 de octubre de 2016
lunes, 24 de octubre de 2016
La campaña rosa contra el cáncer
En las últimas semanas hemos visto aviones de Iberia con su interior 'vestido' de rosa; pasillos del Metro de Madrid empapelados con vinilos de imágenes de mujeres haciendo alusión a este día; Marta Sánchez desnuda en una revista sólo por la causa (su hermana melliza falleció a causa de esta enfermedad); deportes de masas, como el fútbol, haciéndose eco de esta jornada; marcas femeninas, como Ausonia, patrocinando estudios para la Asociación Española del Cáncer y embajadoras mediáticas, como Bimba Bosé o Terelu Campos, promocionándolos. Por fin hemos asistido en España a una acción de marketing global en la que se han implicado todos los elementos necesarios para conseguir un éxito sin precedentes: La campaña rosa contra el cáncer de mama.
No es la primera vez que se realizan campañas de este tipo, pero sí es la primera en la que unen sus fuerzas tanta gente (empresas y particulares) de nuestro país sin un ánimo de lucro latente. También ésa es la razón de su éxito, al fin y al cabo, la filantropía es de las pocas cosas que pueden conciliar la participación y el interés desinteresado de empresas y particulares de primera línea.
Todo ello, reforzado con acciones acompañadas de merchandising, con venta de gafas y otros complementos para obtener recursos con los que seguir investigando. Unas acciones apoyadas con la imagen de famosos televisivos (Jordi Evole, Miki Nadal, Dani Mateo, y un largo etcétera) posando con las gafas en sus perfiles de Twitter porque, evidentemente, han utilizado la caja sonora de las redes sociales, principalmente la creada por Jack Dorsey, con #SúmateAlRosa y, para los menos enredados, una página web, http://sumatealrosa.com/, donde poder adquirir las gafas solidarias. Sin olvidar los perfiles rosas que han acompañado los whatsapp de miles de mujeres durante estas jornadas.
Pero todo ello, que es una acción de marketing y publicidad espectacular y grandiosa en la que participan prescriptores, grandes marcas, famosas, se involucran deportes de masas, instituciones públicas, medios de transporte, prensa (en todos los soportes), redes sociales y grupos de investigación de la enfermedad no estaría completa sin la participación de esas personas anónimas que cada año entregan lo mejor de sí mismas para recorrer las calles, dar a conocer la problemática de la enfermedad (la del enfermo y la de quiénes le acompañan en este trance) y conseguir prevenir, concienciar y luchar contra el cáncer de mama. Eso sí que tiene valor.
Todo ello, reforzado con acciones acompañadas de merchandising, con venta de gafas y otros complementos para obtener recursos con los que seguir investigando. Unas acciones apoyadas con la imagen de famosos televisivos (Jordi Evole, Miki Nadal, Dani Mateo, y un largo etcétera) posando con las gafas en sus perfiles de Twitter porque, evidentemente, han utilizado la caja sonora de las redes sociales, principalmente la creada por Jack Dorsey, con #SúmateAlRosa y, para los menos enredados, una página web, http://sumatealrosa.com/, donde poder adquirir las gafas solidarias. Sin olvidar los perfiles rosas que han acompañado los whatsapp de miles de mujeres durante estas jornadas.
Pero todo ello, que es una acción de marketing y publicidad espectacular y grandiosa en la que participan prescriptores, grandes marcas, famosas, se involucran deportes de masas, instituciones públicas, medios de transporte, prensa (en todos los soportes), redes sociales y grupos de investigación de la enfermedad no estaría completa sin la participación de esas personas anónimas que cada año entregan lo mejor de sí mismas para recorrer las calles, dar a conocer la problemática de la enfermedad (la del enfermo y la de quiénes le acompañan en este trance) y conseguir prevenir, concienciar y luchar contra el cáncer de mama. Eso sí que tiene valor.
martes, 20 de septiembre de 2016
El mensaje más repetido del verano: 'Out of order'
Reservar una mesa en un local emblemático en temporada alta y en zona de costa es una tarea difícil pero ayuda la tecnología. O eso crees. Hace unos días lo intentaba con un restaurante de esos en los que los visitantes ilustres dejan su firma estampada en una barrica de vino. El teléfono comunicaba así que lo intenté a través de su página web. Realicé la reserva online y recibí un mensaje en cuyo asunto se podía leer: “Solicitud de reserva confirmada”.
Pero no fue hasta la misma mañana de la comida cuando me dí cuenta de la sutiliza del texto: “Solicitud de reserva”. Cuando leí el resto, caí en la cuenta: “Próximamente le llamarán para confirmar su reserva”. No me habían llamado. Tuve que ponerme en contacto telefónico, echar la bronca y cruzar los dedos para que tuvieran un sitio libre. “Y por favor, que no sea una mesa de esas que solo cabe un catavinos y la barra de pan.” Que les aseguro que las hay. A cuántos japoneses les habrán hecho creer que ese es el espacio ideal para probar por primera vez la tortilla de patatas.
Claro. Son de ese tipo de sitios en los que no hace falta publicidad para llenarlo. Se hacen página web porque todos la tienen pero ni miran (al menos en temporada alta) el apartado de reservas online porque no les hace ninguna falta. Así que cuando se la están desarrollando le dicen al webmaster, “pon un mensaje de respuesta automático que no nos comprometa. Algo educado,sin más”. - ¿Algo como: “Próximamente le llamarán para confirmar su reserva”? . - "Xacto", que diría un personaje de Forges.
No es el único mensaje confuso del verano. Los castillos forman parte de ese patrimonio monumental que solemos visitar en esta temporada estival y que tantos sinsabores nos causan. Alcazabas medievales en las alturas, inexpugnables, para eso se hicieron a conciencia hace tantos siglos: para que no fuera fácil acceder a ellas. ¿Qué hemos hecho para conseguir que familias con niños, ancianos, discapacitados y personas sin fondo ni forma (física) tengan la oportunidad de conocerlas? Pues mecanismos como ascensores y escaleras mecánicas que nos ayudan a elevarnos hasta sus almenas. Pero no, en verano no funcionan. Será por la falta de mantenimiento o por el calor, pero lo normal es encontrarse con el cartel de: Out of order. ¿Y hasta qué hora se puede acceder? Hasta las ocho o clock. Cierran justo cuando las temperaturas dan un respiro y podríamos intentarlo sin necesidad de echar el bofe.
Las catedrales tienen un apartado específico. Hay que rodearlas por completo para dar con la entrada, de pago, por supuesto. Una visita que nunca da derecho a ver el templo en su totalidad. Siempre hay alguna dependencia (museo sacro, sacristía, cúpula, cripta, etcétera) a la que se solo se accede con un suplemento. Menos de diez euros por persona es casi imposible. Pero lo peor es cuando entras y compruebas que la mitad de la catedral está cerrada por obras y han puesto andamios que impiden ver la mayor parte de las capillas y del Altar Mayor con detalle. ¿Quién ha sido capaz de ver con detenimiento y de cerca las imágenes labradas que suelen estar sobre las sillas del coro de una catedral? Justo eso, ni Dios. Siempre hay un cordón que impide el paso.
Menos mal que las oficinas de turismo están ahí, con sus planos, sus dípticos y trípticos a color con servicios de alquiler y restauración de todo tipo y sus amables guías turísticos que, con un boli y haciendo redondeles a la velocidad del rayo, no tardan ni diez segundos en explicarnos dónde estamos y qué no nos debemos perder (básicamente todo el mapa). “Muchas gracias”, decimos. “La catedral, a la derecha, ¿no?”. Nunca escarmentaremos.
Pero no fue hasta la misma mañana de la comida cuando me dí cuenta de la sutiliza del texto: “Solicitud de reserva”. Cuando leí el resto, caí en la cuenta: “Próximamente le llamarán para confirmar su reserva”. No me habían llamado. Tuve que ponerme en contacto telefónico, echar la bronca y cruzar los dedos para que tuvieran un sitio libre. “Y por favor, que no sea una mesa de esas que solo cabe un catavinos y la barra de pan.” Que les aseguro que las hay. A cuántos japoneses les habrán hecho creer que ese es el espacio ideal para probar por primera vez la tortilla de patatas.
Claro. Son de ese tipo de sitios en los que no hace falta publicidad para llenarlo. Se hacen página web porque todos la tienen pero ni miran (al menos en temporada alta) el apartado de reservas online porque no les hace ninguna falta. Así que cuando se la están desarrollando le dicen al webmaster, “pon un mensaje de respuesta automático que no nos comprometa. Algo educado,sin más”. - ¿Algo como: “Próximamente le llamarán para confirmar su reserva”? . - "Xacto", que diría un personaje de Forges.
No es el único mensaje confuso del verano. Los castillos forman parte de ese patrimonio monumental que solemos visitar en esta temporada estival y que tantos sinsabores nos causan. Alcazabas medievales en las alturas, inexpugnables, para eso se hicieron a conciencia hace tantos siglos: para que no fuera fácil acceder a ellas. ¿Qué hemos hecho para conseguir que familias con niños, ancianos, discapacitados y personas sin fondo ni forma (física) tengan la oportunidad de conocerlas? Pues mecanismos como ascensores y escaleras mecánicas que nos ayudan a elevarnos hasta sus almenas. Pero no, en verano no funcionan. Será por la falta de mantenimiento o por el calor, pero lo normal es encontrarse con el cartel de: Out of order. ¿Y hasta qué hora se puede acceder? Hasta las ocho o clock. Cierran justo cuando las temperaturas dan un respiro y podríamos intentarlo sin necesidad de echar el bofe.
Las catedrales tienen un apartado específico. Hay que rodearlas por completo para dar con la entrada, de pago, por supuesto. Una visita que nunca da derecho a ver el templo en su totalidad. Siempre hay alguna dependencia (museo sacro, sacristía, cúpula, cripta, etcétera) a la que se solo se accede con un suplemento. Menos de diez euros por persona es casi imposible. Pero lo peor es cuando entras y compruebas que la mitad de la catedral está cerrada por obras y han puesto andamios que impiden ver la mayor parte de las capillas y del Altar Mayor con detalle. ¿Quién ha sido capaz de ver con detenimiento y de cerca las imágenes labradas que suelen estar sobre las sillas del coro de una catedral? Justo eso, ni Dios. Siempre hay un cordón que impide el paso.
Menos mal que las oficinas de turismo están ahí, con sus planos, sus dípticos y trípticos a color con servicios de alquiler y restauración de todo tipo y sus amables guías turísticos que, con un boli y haciendo redondeles a la velocidad del rayo, no tardan ni diez segundos en explicarnos dónde estamos y qué no nos debemos perder (básicamente todo el mapa). “Muchas gracias”, decimos. “La catedral, a la derecha, ¿no?”. Nunca escarmentaremos.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Los que empiezan a trabajar a las 4 a.m.
Dicen que algunas personas, sobre todo estadounidenses, comienzan a currar a las cuatro de la madrugada. No son vigilantes en un gran almacén, ni basureros o gestores de residuos, como eufemísticamente subtitularía el programa de citas televisivas “First Dates” para dar detalles de quienes desempeñaran este último trabajo; se trata de altos directivos que ven en la madrugada un espacio sin interrupciones, silencioso, con todas las ventajas para poder concentrarse y obtener el mayor rendimiento posible a su jornada.
Algunos, incluso, hacen deporte un par de horas después de levantarse a esas horas (recuerdo que para trabajar) y, después, se van a la oficina para comenzar el día como el resto de sus empleados. Para conseguir ese grado de vigilia pueden llegar a seguir dietas del sueño, torturas que consisten en dormir un periodo máximo de cuatro horas y media y dos siestas, a lo largo del día, de veinte minutos cada una.
Yo, la verdad, es que desde que me tengo que levantar algo antes de las seis, al final del día ya no soy persona. De eso hace sólo un mes pero me parece un siglo. Almuerzo como una hiena, devorando y tarde; he dejado de ir a nadar (tengo piscina en la urbanización, no me suponía mayor esfuerzo y, además, me venía muy bien); me echo la siesta pero no me viene a cuento, al final me levanto a las siete, con la sensación de haber perdido gran parte de la tarde y parece como si no hubiera descansado nada.
En consecuencia, he engordado visiblemente, es decir, ya no lo puedo ocultar a nadie que me mire con cierto detenimiento, por muy amplias que sean las camisas que me ponga. He tenido que acudir a la descarga de series para poder tener algo de distracción que ver antes de las once de la noche, que es la hora a la que me suelo acostar (si tengo un brote de locura, a las once y media). Las salidas para tomar algo entre semana se terminaron (hay que recordar que estamos en verano), y es que no tengo ni fuerzas para arrastrar mi cuerpo hasta la terraza de un bar. Y los fines de semana no me dan para recuperar el gas perdido durante los seis días anteriores.
Debe ser cosa de la genética, quizás de la edad, las costumbres, la influencia de los astros o los biorritmos; lo cierto es que estos madrugones me están matando. Del sexo, ni hablo; me pasa como con la actualización de este blog, tengo que mirar la fecha del último post para recordar la última experiencia. Espero que los 'elegidos' con los que comparto estas últimas, y gratas, experiencias no me lo tengáis muy en cuenta.
Algunos, incluso, hacen deporte un par de horas después de levantarse a esas horas (recuerdo que para trabajar) y, después, se van a la oficina para comenzar el día como el resto de sus empleados. Para conseguir ese grado de vigilia pueden llegar a seguir dietas del sueño, torturas que consisten en dormir un periodo máximo de cuatro horas y media y dos siestas, a lo largo del día, de veinte minutos cada una.
Yo, la verdad, es que desde que me tengo que levantar algo antes de las seis, al final del día ya no soy persona. De eso hace sólo un mes pero me parece un siglo. Almuerzo como una hiena, devorando y tarde; he dejado de ir a nadar (tengo piscina en la urbanización, no me suponía mayor esfuerzo y, además, me venía muy bien); me echo la siesta pero no me viene a cuento, al final me levanto a las siete, con la sensación de haber perdido gran parte de la tarde y parece como si no hubiera descansado nada.
En consecuencia, he engordado visiblemente, es decir, ya no lo puedo ocultar a nadie que me mire con cierto detenimiento, por muy amplias que sean las camisas que me ponga. He tenido que acudir a la descarga de series para poder tener algo de distracción que ver antes de las once de la noche, que es la hora a la que me suelo acostar (si tengo un brote de locura, a las once y media). Las salidas para tomar algo entre semana se terminaron (hay que recordar que estamos en verano), y es que no tengo ni fuerzas para arrastrar mi cuerpo hasta la terraza de un bar. Y los fines de semana no me dan para recuperar el gas perdido durante los seis días anteriores.
Debe ser cosa de la genética, quizás de la edad, las costumbres, la influencia de los astros o los biorritmos; lo cierto es que estos madrugones me están matando. Del sexo, ni hablo; me pasa como con la actualización de este blog, tengo que mirar la fecha del último post para recordar la última experiencia. Espero que los 'elegidos' con los que comparto estas últimas, y gratas, experiencias no me lo tengáis muy en cuenta.
domingo, 7 de agosto de 2016
Realidad aumentada
Mi verano está siendo marcado por la realidad ampliada, pero no la de Pokémon Go, sino la de un calor sofocante al que sólo consigo combatir con cortas estancias en la piscina, justo a esas horas en las que incomprensiblemente no hay niños ni señores mayores haciendo anchos, y por series como “Stranger Things”, dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer, protagonizada por una espléndida Winona Ryder acompañada de un grupo de adultos (los menos), niños y adolescentes increíblemente reales, y creada para Netflix (aunque dicen que antes pasó por veinte manos que la despreciaron).
Una serie que reúne varios géneros en ocho capítulos. A saber: Ciencia ficción, Terror, Suspense psicológico, Misterio, y lo que se ha dado a conocer como Supernatural fiction. Eso sí es realidad aumentada. Como lo es ver las fotos de Alepo, en Siria, antes y después de la guerra, o el incendio de un paraíso, como la isla de La Palma.
Y lo que son las cosas. Yo iba a ir de vacaciones a La Palma el 3 de agosto, justo el día en que a un estúpido se le ocurrió hacer una estupidez y dio comienzo el fuego. La sensación de recibir la noticia fue rara, lo sigue siendo su seguimiento. Yo podía estar allí ahora, sufriendo las consecuencias en primera persona; y sin embargo lo hago desde casa, intentando recrear (volvemos a la realidad aumentada) qué estaría haciendo allí en esas circunstancias.
Algunos de mis amigos me intentan consolar (por no haber podido tomar mis vacaciones e ir a la ‘Isla bonita’) diciendo que es una señal, que no era mi destino, por lo que volvemos a lo sobrenatural, y a la teoría filosófica de la causalidad y de que nada es por azar, todo está predeterminado. Pero, entonces, ¿dónde queda nuestra libertad de albedrío e, incluso, de librepensamiento? Es domingo y mi realidad aumentada me llevará a desayunar en una terraza, lavar el coche y volver a pensar si la pérdida de mis vacaciones debo tomarla como una señal del destino o una enorme putada.
Una serie que reúne varios géneros en ocho capítulos. A saber: Ciencia ficción, Terror, Suspense psicológico, Misterio, y lo que se ha dado a conocer como Supernatural fiction. Eso sí es realidad aumentada. Como lo es ver las fotos de Alepo, en Siria, antes y después de la guerra, o el incendio de un paraíso, como la isla de La Palma.
Y lo que son las cosas. Yo iba a ir de vacaciones a La Palma el 3 de agosto, justo el día en que a un estúpido se le ocurrió hacer una estupidez y dio comienzo el fuego. La sensación de recibir la noticia fue rara, lo sigue siendo su seguimiento. Yo podía estar allí ahora, sufriendo las consecuencias en primera persona; y sin embargo lo hago desde casa, intentando recrear (volvemos a la realidad aumentada) qué estaría haciendo allí en esas circunstancias.
Algunos de mis amigos me intentan consolar (por no haber podido tomar mis vacaciones e ir a la ‘Isla bonita’) diciendo que es una señal, que no era mi destino, por lo que volvemos a lo sobrenatural, y a la teoría filosófica de la causalidad y de que nada es por azar, todo está predeterminado. Pero, entonces, ¿dónde queda nuestra libertad de albedrío e, incluso, de librepensamiento? Es domingo y mi realidad aumentada me llevará a desayunar en una terraza, lavar el coche y volver a pensar si la pérdida de mis vacaciones debo tomarla como una señal del destino o una enorme putada.
sábado, 9 de julio de 2016
¿Playa o chiringuito?
Parece simple pero dilucidar este dilema puede depender pasar un excelente día de playa o un calvario que acabe con nuestra paciencia. Clavar la sombrilla y estirar la toalla cerca del agua son dos gestos estivales que nos proporcionan un acceso más rápido al líquido elemento (el mercado) pero también nos obligan a acudir antes (más inversión y/o fuerza de trabajo) para evitar las aglomeraciones (la competencia) y, no obstante, tendremos que contar con que esta posición -en principio, ventajosa- también nos acarreará algunas molestias, como el constante trasiego de gente y los molestos juegos de pelota (saturación del mercado).
La otra opción, más conservadora, sería buscar una posición algo más retrasada, a medio camino entre las zonas de servicios y restauración, esto es, las duchas y el chiringuito. Disfrutaremos de más espacio libre alrededor pero a la hora de llegar a la orilla para refrescarnos invertiremos más tiempo (plus en gastos de transporte y logística) y, además, tendremos que contar con una mayor exposición de nuestros enseres (previsión en cuentas de posibles pérdidas por robo) durante el tiempo que estemos cerca del agua.
Difícil decisión veraniega que pone en solfa la localización como valor máximo y que puede marcar la diferencia entre pasar un buen o un mal día o, lo que es lo mismo, entre explotar un negocio con éxito, o no. La resolución dependerá de muchos factores. De si vamos solos (empresa con un único administrador) o acompañados (posibles socios) y, en este caso, de su relación con nosotros (qué tipo de estructura societaria).
Por supuesto, el plan (de negocio) para pasar ese día marcará el éxito o fracaso de nuestra elección. No es lo mismo ir con la intención de echar un par de horas al sol con un bañito de por medio y regresar a casa o el hotel a la hora de comer; que ir con la mujer o el marido, dos hijos pequeños y la abuela a pasar todo el día.
En cada caso tendremos que programar nuestro desembarco playero (traslado de enseres, aparcamiento, comida, bebidas, dinero, etc.); tendremos que conocer el entorno (si hay asistencia sanitaria cercana, servicios, columpios o juegos para los niños, hostelería, cajeros...) y, en función de estos datos, tomar las decisiones oportunas. Y nos podremos equivocar. ¿Como en el marketing? Igual.
La otra opción, más conservadora, sería buscar una posición algo más retrasada, a medio camino entre las zonas de servicios y restauración, esto es, las duchas y el chiringuito. Disfrutaremos de más espacio libre alrededor pero a la hora de llegar a la orilla para refrescarnos invertiremos más tiempo (plus en gastos de transporte y logística) y, además, tendremos que contar con una mayor exposición de nuestros enseres (previsión en cuentas de posibles pérdidas por robo) durante el tiempo que estemos cerca del agua.
Difícil decisión veraniega que pone en solfa la localización como valor máximo y que puede marcar la diferencia entre pasar un buen o un mal día o, lo que es lo mismo, entre explotar un negocio con éxito, o no. La resolución dependerá de muchos factores. De si vamos solos (empresa con un único administrador) o acompañados (posibles socios) y, en este caso, de su relación con nosotros (qué tipo de estructura societaria).
Por supuesto, el plan (de negocio) para pasar ese día marcará el éxito o fracaso de nuestra elección. No es lo mismo ir con la intención de echar un par de horas al sol con un bañito de por medio y regresar a casa o el hotel a la hora de comer; que ir con la mujer o el marido, dos hijos pequeños y la abuela a pasar todo el día.
En cada caso tendremos que programar nuestro desembarco playero (traslado de enseres, aparcamiento, comida, bebidas, dinero, etc.); tendremos que conocer el entorno (si hay asistencia sanitaria cercana, servicios, columpios o juegos para los niños, hostelería, cajeros...) y, en función de estos datos, tomar las decisiones oportunas. Y nos podremos equivocar. ¿Como en el marketing? Igual.
domingo, 19 de junio de 2016
Mi red de contactos
En estos tiempos de fútbol europeo y campañas electorales, a las puertas de un verano que promete ser caluroso y de un otoño que seguro será caliente, la compra de Linkedin por parte de Microsoft me ha hecho recordar mi red de contactos profesionales y, de paso, comprobar cómo mi entorno de conocidos está muy activo últimamente.
Por ejemplo, José Luis, un compañero de trabajo que vive en Guadalajara. Tiene dos hijos, se traslada todos los días en su coche a Madrid y, “a pesar” de todo esto, saca tiempo para mantener un periódico digital, “El Liberal de Castilla”, con informaciones de las provincias de Guadalajara y Cuenca. En poco más de tres meses ha conseguido elevarlo de las catacumbas de los resultados (en las búsquedas de Google) a estar entre los primeros 7.000 en el ranking nacional de Alexa. Un esfuerzo que le está reportando las primeras llamadas para solicitarle espacios publicitarios en forma de banners.
Por otro lado, un excompañero de periódico, de cuando trabajábamos en “El Mundo, Ángel Luis Jimenez, es otra de las personas que veo cómo se mueve activamente (en este caso el seguimiento es a través de Twitter). Su perfil es técnico, comenzó probando los últimos ingenios tecnológicos y escribiendo su parecer sobre los mismos en el suplemento “Ariadna”. Ahora vive en Nueva York, sigue colaborando con Unidad Editorial donde, entre otras cosas, mantiene un blog sobre el tema “Tech”. Debía parecerle poco, porque ayer descubrí que se ha hecho podcaster con “Binarios”, un lugar donde ofrece información sonora a través de este soporte tan poco desarrollado en España, sobre todo publicitariamente, por la difícil medida de su impacto y seguimiento (más allá de las descargas).
Mientras tanto, y vuelvo a Linkedin, esta última semana me ha contactado un mando intermedio de la agencia EFE. Lo cual me ha hecho pensar en otro conocido, Paco, excompañero de la Facultad. Trabaja en la delegación de la agencia de Sevilla, y ha pasado por un reciente ERE, la bajada del 25% de la paga extra y, de nuevo, los recientes resultados en pérdidas del último ejercicio de la primera agencia de noticias en español y la cuarta del mundo.
Hablando de contactos y de noticias. Una exclusiva. Me acaban de invitar a una paella (tengo debilidad por este plato) pero, a renglón seguido, me dicen si puedo llevar la paellera, cocinarla y, encima, la propuesta incluye que los ingredientes los paguemos a escote. Ellos ponen el jardín (viven en un ‘acosado’). Mi red de contactos profesionales demuestra estar muy cualificada pero está claro que tengo que depurar otra urdimbre, la de las amistades con esa enorme cara dura. Mientras tanto, voy a preparar el fumet.
Por ejemplo, José Luis, un compañero de trabajo que vive en Guadalajara. Tiene dos hijos, se traslada todos los días en su coche a Madrid y, “a pesar” de todo esto, saca tiempo para mantener un periódico digital, “El Liberal de Castilla”, con informaciones de las provincias de Guadalajara y Cuenca. En poco más de tres meses ha conseguido elevarlo de las catacumbas de los resultados (en las búsquedas de Google) a estar entre los primeros 7.000 en el ranking nacional de Alexa. Un esfuerzo que le está reportando las primeras llamadas para solicitarle espacios publicitarios en forma de banners.
Por otro lado, un excompañero de periódico, de cuando trabajábamos en “El Mundo, Ángel Luis Jimenez, es otra de las personas que veo cómo se mueve activamente (en este caso el seguimiento es a través de Twitter). Su perfil es técnico, comenzó probando los últimos ingenios tecnológicos y escribiendo su parecer sobre los mismos en el suplemento “Ariadna”. Ahora vive en Nueva York, sigue colaborando con Unidad Editorial donde, entre otras cosas, mantiene un blog sobre el tema “Tech”. Debía parecerle poco, porque ayer descubrí que se ha hecho podcaster con “Binarios”, un lugar donde ofrece información sonora a través de este soporte tan poco desarrollado en España, sobre todo publicitariamente, por la difícil medida de su impacto y seguimiento (más allá de las descargas).
Mientras tanto, y vuelvo a Linkedin, esta última semana me ha contactado un mando intermedio de la agencia EFE. Lo cual me ha hecho pensar en otro conocido, Paco, excompañero de la Facultad. Trabaja en la delegación de la agencia de Sevilla, y ha pasado por un reciente ERE, la bajada del 25% de la paga extra y, de nuevo, los recientes resultados en pérdidas del último ejercicio de la primera agencia de noticias en español y la cuarta del mundo.
Hablando de contactos y de noticias. Una exclusiva. Me acaban de invitar a una paella (tengo debilidad por este plato) pero, a renglón seguido, me dicen si puedo llevar la paellera, cocinarla y, encima, la propuesta incluye que los ingredientes los paguemos a escote. Ellos ponen el jardín (viven en un ‘acosado’). Mi red de contactos profesionales demuestra estar muy cualificada pero está claro que tengo que depurar otra urdimbre, la de las amistades con esa enorme cara dura. Mientras tanto, voy a preparar el fumet.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



